domingo, 9 de abril de 2017

Paraty, paisajes e historias escondidas

En la medida de lo posible, he estado en estas semanas escribiendo mucho acerca de mis experiencias durante mi viaje a Brasil en febrero pasado. Es así que hoy me toca contarles acerca de un lugar del cual no me arrepiento para nada de incluir en mi itinerario: Paraty.

El paraje se encuentra en el Estado de Río de Janeiro, a apenas 250 km por carretera (en línea recta es bastante menos) de su tan famosa ciudad capital, coronada por el Cristo Redentor y de orlas famosas como la de Copacaba o Ipanema. Bueno, de eso en Paraty hay poco, pero no por eso hay lugar para la decepción. En absoluto. Además de estar en una posición geográfica privilegiada (la bahía en que se encuentra le permite compartir, junto a destinos turísticos de nivel como Ilha Grande y Angra dos Reis, hermosas aguas verde-azuladas, morros y lindas playas), el lugar es de gran valor estratégico, o al menos lo supo ser. Esto, de hecho, hizo que durante mucho tiempo el punto tuviese una gran relevancia. Pero como veremos después, el correr del tiempo hizo que quedara a las sombras de Río y Salvador. Y en esto reside su gran atractivo como sitio histórico.

Centro histórico de Paraty
Quiero destacar que una mis primeras impresiones sobre este lugar, a través de Internet, fue que me hacía recordar inexorablemente a Colonia del Sacramento, destino must-see de Uruguay. Para contextualizar al extranjero: una ciudad colonial de origen portugués, con calles y casas de época. Salvando las distancias de latitud, clima y entorno geográfico, ambas son perfectamente comparables. La diferencia es que Paraty jamás aparece entre los grandes destinos de Brasil, pese a que en mi opinión merece mayor atención. Tal vez porque, como comentaba en otro artículo, el elemento playa juega mucho en las listas de destinos, reconocimiento del que si gozan otros sitios del estado como Búzios, Arraial do Cabo y los que mencioné unas líneas atrás.

Quizás sea aquello de destino para pocos lo que le otorga parte de su magia e invita a descubrir y satisfacerse gratamente con la visita, sea el tiempo que te quedes. Eso les quiero transmitir. Comenzamos.

Nota: el uso del término Paraty y no de "Parati" (como aparece aún en muchas publicaciones) se debe a que la primera es la grafía original de la ciudad colonial, que fue retomada a partir de 2009 con la reforma de la ortografía portuguesa, donde la Y volvió al alfabeto junto a las letras W y K. De todas formas, el nombre de esta ciudad se ha pronunciado como /pa-ra-chí/.

Al no ser posible ir en avión, definitivamente la única opción es llegar por carretera desde Río o Sao Paulo. Lo bueno es que el camino, sea del lado que se venga, es de lo más paisajístico y es un paseo en sí mismo. La sierra hace que la BR-101 (la famosa carretera de la costa de Brasil), esté obligada en este tramo a dar cientos de curvas entre la exuberante mata atlántica y en pocos minutos pasar del borde de una playa a la altura que nos permita ver decenas de bahías e islas.

La historia de Paraty está en primer lugar atada a la actividad minera colonial. El lugar fue pensado como puerto para los cargamentos de oro que partían hacia Europa, así que desde 1533 nace de aquí la senda del oro o Estrada Real, que avanza a través de la sierra y la selva hacia la región de Minas Gerais. Sin embargo, el desarrollo de Río de Janeiro y la construcción de un camino directo a esa ciudad fue la ruina, ya que el lugar fue abandonado por los comerciantes y se sumió en la decadencia. Afortunadamente, el surgimiento de plantaciones de café y caña de azúcar volvió a revitalizar a esta y muchas otras zonas de Brasil, todavía parte del imperio portugués 

Centro histórico de Paraty
Es por el abandono al que me refería, que la ciudad colonial quedó prácticamente como fue construida al no crecer demasiado y tener espacio en los alrededores para hacerlo. Actualmente viven 36 mil personas; en Río lo hacen 12 millones. Gracias a esto podemos de a momento sumergirnos en la vida de hace siglos atrás como en pocos lugares de la región es posible. El casco histórico de Paraty se caracteriza por sus calles empedradas, cerradas al tránsito de autos y sus casas de estilo. Se encuentra prácticamente a nivel del mar, y eso le otorga una de sus características más famosas: las calles, con desnivel en forma de cuña (raya al medio), permiten que cuando sube la marea el agua ingrese y forme canales, como una red de drenaje precaria. Haciendo las veces de saneamiento, la ciudad fue diseñada a propósito así para que el agua se llevase periódicamente los restos que arrojaban los vecinos a la calle. Para entendernos mejor: caca y pis, que, como en cualquier ciudad colonial, invadía las calles de olor y potenciales enfermedades. Ya sin problemas de higiene, los surcos acumulan arena que aprovechan los cangrejos para excavar sus madrigueras.

El entramado urbano también fue pensado para repeler ataques de los enemigos, y ese es el motivo de su ordenamiento en cuadrícula con calles trazadas con suaves curvas (para no verlas en toda su extensión) y con casas rigurosamente idénticas. Básicamente para que los desgraciados franceses y holandeses, los enemigos de turno, se perdieran entre las calles y los locales los atacasen por sorpresa. Incluso la iglesia que da hacia la costa tenía una función secundaria de observatorio y escondite. Sin embargo, pese a tanta estrategia la ciudad jamás fue tomada por asalto.

También nos trae a la época de la familia real luso-brasileña y la sociedad estamental colonial. Aún en nuestros tiempos, descendientes de la antigua familia real merodean de vez en cuando por la ciudad y hacen uso de una de las casas más reconocidas del barrio, ya sin súbditos y con más de 120 años de república encima. Otras figuras que frecuentan incluye poderosos empresarios y famosos, dueños de algunos rincones de la bahía de Paraty o de alguna de las casas del casco histórico (ambas, valoradas en millones de reales). Además de la mencionada casa de la familia real, hay otros reflejos de la sociedad colonial de antaño. Es así que las únicas casas de dos pisos pertenecían a las clases privilegiadas, los comerciantes y nobles, para observar los barcos apareciendo en la bahía. A la hora de ir a misa también había distinción: existen aún las 4 iglesias exclusivas para la élite masculina y femenina (por separado), negros esclavos y negros libres.

Para quien tiene el ojo adecuado (o a quien se lo hacen afinar, como a mí), el paseo es a su vez un recorrido por las expresiones de poder de la masonería brasileña. En prácticamente cada esquina, cada construcción de la clase noble, tiene al menos un símbolo masón. Algunos son identificables a simple vista, como la presencia de 33 elementos o distribuciones de a 3, mientras que otros requieren mayor indagación simbólica. También es visible en la iglesia noble. Es así que Paraty es un capítulo más de la influencia de esta sociedad secreta que aún tiene gran peso en el entramado social y político en la actualidad.

El centro histórico de Paraty de noche tiene una atmósfera única.
Más recientemente, el lugar recobró su vida y valor como sitio turístico, y en eso se explica el buen estado de prácticamente todas las construcciones del casco histórico. Aunque tiene sus contras: las obras de saneamiento subterráneo y soterrado de cables, según nos cuentan, arruinaron el empedrado de la ciudad. Claro, no era que los portugueses adorasen mirar el piso cada vez que van a dar un paso, sino que los obreros de la modernidad simplemente no supieron cómo volver a colocar el empedrado como iba y lo hicieron al tuntún. Sin embargo, no ha evitado que el sistema de drenaje tan particular haya dejado de funcionar, incluso más de 350 años después. Fuera de esta situación, la ciudad no ha sido incluida en la lista de sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lo cual me llama poderosamente la atención.

Pero el encanto de su centro no sólo viene del pasado. Hoy en el siglo XXI, el área está llena de restaurantes y tiendas. Hay opciones para todos los bolsillos: también lo hubo para el mío. Hay locales para comer caro (y hasta muy caro), donde disfrutar de un edificio histórico (o a veces, cuando se llena, de la irregularidad del empedrado) y de un buen plato de productos de mar. Sin embargo, a menos que se esté teniendo un hambre voraz, basta con caminar un par de cuadras hacia fuera del barrio histórico para almorzar o cenar al precio de cualquier otro lugar en Brasil. Y como no todo es comer en la vida, también existe una gran cantidad de tiendas de souvenirs o artesanías de todos los tipos. Pero aquí hay que tener un poco de ojo: hay verdaderos tesoros hechos a mano u obras de arte, pero también hay de lo que puedes conseguir en cualquier lugar. En esto quiero ser insistente y severo: llegué a encontrar souvenirs con la inscripción PERÚ. Sí estimados lectores, que son de Perú pero se compran en Brasil.

Escudo del Municipio de Paraty
La ambientación increíble de este lugar no estaría completa sin la vida que le dan las personas. Donde antes caminaron esclavos, comerciantes y soldados, hoy toman protagonismo de las calles una gran variedad de artistas, especialmente por la noche. En una calle concurrida se posa un músico o una banda tocando en vivo instrumentos acústicos y cantando a capella. En una esquina se ubica una estatua viviente, y un poco más allá hay alguien haciendo algo así como stand-up o show teatral con los turistas más pequeños, los niños. En febrero, en algún lugar más apartado se pueden presenciar blocos de carnaval y jóvenes bailando samba (al fin y al cabo, aquí también es Río de Janeiro). El común denominador a todas estas expresiones, a veces provenientes del extranjero, es que se sustentan del apoyo y económico de quienes se acercan al sombrero a dejar algún billete (de hasta 100 reales o en dólares, como llegué a presenciar).

En otro orden, los alrededores de Paraty también son de lo más interesantes. Por lo corto de mi estadía tan sólo pude conocer Trindade, del que hablaré a continuación. Además existen destinos naturales como la espectacular Cascada del Tobogán. A estos lugares sólo se puede llegar mediante un tour pago o en auto. En cuanto a las dos playas de la propia localidad, son de gran belleza en cuanto a entorno arena, árboles, bares y servicios, etc, pero difieren en distancia y calidad de sus aguas. Praia do Pontal queda prácticamente al lado de la ciudad y sus aguas son notablemente poluidas (aunque con una temperatura increíble); Praia do Jabaquara, por su parte, implica andar un buen tramo a pie, pero según todos los que interrogamos al respecto (ya que no tuvimos tiempo de ir), esta playa es notablemente mejor.

Trindade queda en el extremo oeste de Río de Janeiro, en el límite con Sao Paulo, por lo que es literalmente la primera playa del estado. Desde su capital municipal, Paraty, tan sólo hay que recorrer 25 km para llegar, así que es una buena opción para un paseo por el día o la tarde. Lejos de cualquier vínculo con un pasado colonial, la pequeña localidad es un destino elegido por surfistas y jóvenes que buscan un estilo de vida y ambiente bohemio. Salvando las distancias, comparte algo de su encanto con Punta del Diablo, en la costa uruguaya.

El lugar tiene dos playas principales. La primera y más evidente tiene en primera línea una hilera de restaurantes y bares, pero tiene el debe de que sus aguas son negras por culpa de un caldo de particulas naturales en suspensión, especialmente en los extremos de la playa. Para la segunda se debe salir del poblado (muy pequeño de por sí) y caminar unos metros por un sendero hasta descubrir la maravillosa Praia do Meio, que queda entre la primera y Praia do Cachadaço, que se observa al fondo. Una enorme roca en el medio (de allí proviene el nombre) parte en dos a la playa y permite subirse para contemplar un panorama asombroso. Con un poco de voluntad, siguiendo la línea de playa se ingresa a Cachadaço, bastante más larga que la anterior, y que esconde un premio para quien la camine de punta a punta. En su extremo opuesto se descubre una increíble piscina natural, formada por rocas, rincón calentado por el sol y que permite disfrutar del baño como en pocos lugares.

Praia do Meio, en Trindade.
Afortunadamente, llegar a Trindade desde Paraty es muy fácil y muy accesible, ya que un ómnibus municipal conecta ambas localidades en un tramo que dura alrededor de media hora y cuesta (increíblemente) tan sólo 3,90 reales (en febrero de 2017). Se sube en la propia terminal de ómnibus de Paraty y el recorrido termina en la calle principal de Trindade, por no decir la única calle que merece ese nombre. El recorrido por la BR-101, como decía antes, es de lo más pintoresco, y a eso se le suma la gran bajada desde esta ruta hasta la costa; al volver, el ómnibus (un modelo piso bajo común de ciudad, como el que yo usaría en Montevideo) realiza la hazaña de subir la cuesta con el motor engranado en primera y generalmente abarrotado de gente. Choferes aptos para esto, podría decir que pocos. Un anota adicional: es recomendable conocer los horarios de las frecuencias (generalmente cada una hora), especialmente si se viaja por el día y si hay mucha gente, para evitar quedar virtualmente atrapado en el lugar.

Volvemos a Paraty. Una visita de más de un día no podría estar completa sin tener la oportunidad de conocer y recorrer la maravillosa bahía en barco, descubriendo pequeñas playas prácticamente vírgenes, islotes y peces de colores en las aguas claras de tono verdoso. A muchos de estos rincones ha llegado la propiedad privada, y se encuentran en posesión de grandes empresarios o personalidades famosas de Brasil. En cuanto a la cuestión de precios, por ser un paseo clásico, las variantes son muchas, con diferentes empresas turísticas ofreciendo embarcaciones distintas para una cantidad de horas y lugares que varían. En lo personal, nos ofrecieron en el hostel reservarlo allí, pero decidimos caminar un poco y tratar directamente con una de las empresas, que tenía precios más bajos y nos hizo precios especiales por ser tres personas, además de obsequiar el alquiler de equipos de snorkel (algo que es recomendable reclamar para ver los peces a nuestro alrededor).

Playa en la bahía, de las que sólo es accesible mediante barco.
¿Queda algo por decir? Paraty tiene algo que sólo se descubre al llegar, que probablemente ni yo ni nadie que les cuente se los podrá adelantar. La sensación de satisfacción que me dio al estar allí en la noche, recorriendo sus calles empedradas, conjugada con su historia, el clima, el ambiente turístico y artístico y otros elementos, es díficil de describir.

Espero que les haga gustado el relato de mi experiencia en el lugar. Si viajan a Río o Sao Paulo y cuentan con varios días, no dejen de considerar la posibilidad de visitar este maravilloso rincón.

A continuación van algo de información extra:
  • Desde Sao Paulo el viaje en ómnibus dura 6 horas y parte desde la Rodoviária Tietê, a cargo de la empresa Reunidas Paulista, que se detiene dos veces en paradores de ruta.
  • Existen varios hostels, la mayoría muy próximos al centro histórico y con precios más que accesibles. Personalmente me quedé en el Che Lagarto Hostel, que integra una red de 20 hostels en la región. De este destaco: ambiente e instalaciones (tiene un jardín con mesas y sillas, siempre hay gente de fuera del hostel y hay música en vivo), aire acondicionado (no todos los hostels tienen, atención).
  • Un buen lugar para aprovisionarse puede ser el Supermercado Carlao, a una cuadra de la terminal de ómnibus (Rua Manoel Tôrres esquina Rua Jango Pádua).
  • A unos pasos fuera del casco histórico, en la Avenida Roberto Silveira hay varias tiendas que venden cosas útiles como artículos de playa y ropa.
  • Free Walking Tours Paraty | Una recomendación imperdible, a cargo de (según el día) Gi, Luana y Juanjo González el mexicano, a quien le agradezco por todas sus explicaciones (muchas haciendo parte de esta entrada) y paciencia el día que nos tocó conocer. Como todo tour de este tipo, es a voluntad, según "el precio que merece" y según nuestro bolsillo. Generalmente los grupos parten a las 5 de la tarde de la plaza principal. Lo de "grupos" es sólo un decir, ya que si hay voluntad el tour puede ser para incluso una o dos personas (o tres, como en mi caso).
Todas las imágenes de esta entrada son de mi autoría. ¡Clic para ampliar!

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