martes, 1 de agosto de 2017

Fenadoce: un recorrido por el punto más dulce de Brasil

Pelotas es una de las ciudades más grandes del estado de Rio Grande do Sul, ese que tanto uruguayos como argentinos encontramos parecido en múltiples cosas, desde geografía hasta cultura, historia, e incluso vocabulario. Generalmente, para quienes provenimos del paisito del sur, la ciudad no es más que un punto de paso de camino a destinos playeros clásicos que se encuentran a cientos de kilómetros de allí, como Floripa o Camboriú. 

Con sus 300 mil habitantes, Pelotas no deja de ser un punto de relevancia para la región (de hecho, si fuese parte de Uruguay sería por lejos la segunda ciudad del país). Además de ser un polo universitario, con miles de estudiantes del estado y el resto del país, es sede de una gran tradición en producción de dulces, nacida de una historia muy particular, que desde 1986 se sintetizó en la Feira Nacional do Doce, un evento que durante 19 días al año atrae a brasileños y, cada vez más, a turistas de los países vecinos.

Sin embargo, la feria al día de hoy sigue siendo una gran desconocida en la región, por lo que este año, tras mi primera visita a la ciudad en febrero, me propuse volver para conocer más de cerca un evento de esta magnitud, de más de 250 mil visitantes, lleno de atractivos que, como veremos más adelante, no son sólo gastronómicos, haciendo de esta feria una oportunidad de diversión para toda la familia. Luego de leer este artículo, quizás surjan ganas de parar al menos una tarde la próxima vez que viajen a las playas norteñas en verano, o, por qué no, viajar en junio a descubrir la gran historia del dulce.

Los invito a descubrir a través de mi relato y fotografía la 25ª edición de la Feria Nacional del Dulce.

Muchos estarán pensando en el insólito nombre de la ciudad o estarán ya concibiendo frases hilarantes con él, así que antes explicaré por qué la gente aquí duerme, trabaja y vive "en Pelotas": el nombre proviene de unas particulares embarcaciones forradas de cuero utilizadas en los cursos de agua de la zona y la Lagoa dos Patos. A su vez (sí, adivinaron), el nombre alude a la forma de bola o de "pelota", esta última palabra sólo presente en la lengua española, siendo precisamente los españoles los que difundieron hace un par de siglos esta técnica. Qué saben los pelotenses al respecto: en general muy poco, hasta que algún hispano le "revela" la gran verdad.

Son las cuatro de la tarde del día 16 de junio y estamos llegando con mis dos amigas, una uruguaya y otra pelotense (así se denomina a la gente que vive en...) de nacimiento y alma. Acabamos de llegar al Centro de Eventos Fenadoce, un predio de 17 hectáreas que aparte de acoger durante dos semanas y media al año a la feria que le da nombre, también es lugar de conciertos y espectáculos durante el resto del año. La fila para entrar puede llegar a ser realmente larga, pero normalmente no pasa de los 15 minutos. De afuera ya se observan juegos mecánicos. Se paga una entrada de 8 reales para ingresar a la feria (o 10 reales los fines de semana). Llegamos al portón de entrada, hacemos leer en el escáner nuestro ticket y ya estamos dentro de la Cidade do Doce.


La tarde que elegimos es ideal, ya que, al igual que en nuestro país y el cono sudamericano, durante esos días el veranillo de San Juan nos sorprendió nuevamente con temperaturas de hasta 25 grados en pleno junio, lo que explica también la cantidad de familias disfrutando de los juegos mecánicos al aire libre, que son lo primero que vemos al ingresar a la feria. Lo normal en esta época del año es el frío (y de hecho, lo que vivimos al día siguiente), que choca de frente con nuestra imagen de un Brasil de gente bebiendo caipirinha en la playa medio en pelotas (ahora en minúscula) todo el año. La humedad del aire es la segunda característica, de la que los pelotenses se jactan cada tanto como mito popular, de ser una de las más altas del mundo, y que se sufre sobre todo en verano.

Pero lo más interesante se encuentra en el centro de eventos propiamente dicho. Elegir por dónde empezar es difícil, ya que esta ciudad del dulce se compone de varios "barrios" o secciones donde uno puede encontrar tanto las típicas dulcerías como stand de venta de productos de todo tipo, como una suerte de shopping: ropa, decoración, productos agrícolas, frutas y verduras, conservas, vinos, bazar, etc.


Apenas caminamos unos pasos nos encontramos con la protagonista de la feria: la hormiga. De nombre desconocido pero aspecto de lo más amigable y tierno, la hormiga es uno de los tantos personajes de la feria que a muchos nos devuelve a la infancia. Loca por los dulces, se encarga de reunir azúcar sino también harina y huevos que componen casi todas las 15 principales recetas, hoy en día homologadas y certificadas comercialmente, como una suerte de sello de identidad de Pelotas, y que acompaña de forma literal mediante una estampilla a cada dulce que es vendido en la feria, como "certificado de procedencia".

La mayoría de los dulces son una continuación de la tradición portuguesa de las recetas a base de yema de huevo, pero también es notable la influencia alemana y árabe. El origen de esta singular industria proviene de los mismos orígenes de Pelotas, cuando era un gran exportador de charque (carne conservada en sal), que generalmente era intercambiado por azúcar proveniente del nordeste brasileño. Esto, sumado al contacto directo con inmigrantes portugueses (generalmente, dueños de las charqueadas de la zona), dio nacimiento a la producción, que se fue colando poco a poco en los eventos sociales hasta volverse una marca de la comunidad.

Así de deliciosas lucen las vitrinas de las dulcerías en la feria
Hacemos una parada para comer, y no precisamente dulces, por lo que nos dirigimos a la gran plaza de comidas de la feria. Mi primera impresión es que es gigante. Una hilera de casi 100 metros de opciones gastronómicas ofrece cierto sosiego a los paladares de los visitantes, a esta altura del día seguramente saturados de dulces. La mayoría de ellos son de comida rápida (se destacan las hamburguesas gourmet) pero también hay puestos de pasta u otras opciones vegetarianas. La enorme plaza es coronada por un escenario donde se hacen periódicamente espectáculos.

Arriba: plaza de comidas. Abajo: acaba de terminar un show en el palco principal.

Después de una buena "meriencena" (porque cuando se está de viaje se come a cualquier hora, siempre que haya hambre) decidimos recorrer las exposiciones temáticas, porque como les decía antes, esta feria está llena de cosas de mirar, y mirar es gratis.

Uno de los espacios más bonitos de la feria es precisamente su corazón temático, aquel lugar que nos remonta a la tradición que es su leit motiv, siendo también expresión del arte de la pintura y la escultura. Hombres y mujeres moldeados al estilo de hace 100 años, cuando comenzó la producción de dulces, de diferentes razas y atuendos, rememorando las raíces (como la foto que encabeza este artículo, o más abajo). La muestra también incluye recreaciones de cocinas de época, con actores que van siguiendo todo el proceso (imaginario) de preparación.

Junto a la hormiga, las grandes anfitrionas son las reinas soberanas, las tres ganadoras de un certamen de belleza realizado año a año, previo a la feria, donde las mujeres visten atuendos inspirados en la temática real. Las tres ganadoras, la reina y dos princesas, forman la Corte que representan los valores del evento, a saber: la integración, la armonía y la dulzura.


La Fenadoce también es, como cualquier feria regional, escaparate de empresas, órganos y cuerpos del gobierno, que aprovechan para exhibir algunos de sus mejores insumos. Tal es el caso del ejército brasileño, la Policía Federal y el Municipio de Pelotas, entre otros, cuyos funcionarios reciben a los visitantes y charlan sobre sus tareas y lo que exhiben: hay material bélico y vehículos de los más interesantes.

Arriba: La omnipresente hormiga, tomándose un baño. Abajo: Escenario con bandas en vivo en la parte trasera de la feria a pocos metros de imagen anterior.
Ahora sí, comenzamos a recorrer el verdadero corazón de la feria, su razón de ser. Cada dulce, sin importar cuál de las quince variedades escojamos y en cuál dulcería compremos, cuesta 3,75 reales (34 pesos o 1,1 dólares). De nuevo aquí el énfasis está en la tradición y no en la mera competencia, ya que ninguna de las dulcerías participantes (distribuidas por toda la ciudad de Pelotas) diferencia sus productos más allá del empaque o el prestigio de la marca (por ejemplo; Imperatriz es una de las más conocidas).

He de admitir que con comer 3 o 4 dulces es suficiente para tener una noción de los dulces de Pelotas, sin miedo de agotar las existencias de insulina. Una "estrategia" que apliqué con mis dos amigas para probar la mayor cantidad de dulces fue básicamente dividirlos en dos y compartirlos (aunque no con todos es posible sin que se deshagan).

En el centro de este empalagoso mundo se encuentra una réplica en vidrio del Mercado Municipal de Pelotas, y he aquí el porqué: dentro de él son producidos durante toda la jornada algunas variedades de dulces, así que podemos ver a los cocineros (ahora sí, de verdad y en 2017) haciéndolos frente a uno, lo cual nos recuerda el valor de un producto que pese al paso de las décadas no ha sufrido de demasiada industrialización.

El ambiente, tenuemente iluminado, el aspecto de las dulcerías y la música en vivo nos dan la sensación de estar por la noche en un pueblito perdido.

Arriba: Nadie se pierde de su foto con la simpática hormiga. Abajo: A veces se forman filas notables frente a las dulcerías más reconocidas.
En el sector agrícola se pueden encontrar desde buenas frutas y verduras, conservas, tortas, hasta vinos de bodegas familiares de la zona.
Sector de accesorios y regalos. Nota: el objeto predilecto en esta edición 2017, acorde a los tiempos que corren, fue nada más ni menos que el spinner.
Rincón de arte callejero

Desde hace un par de años, la feria volvió a diversificando creando un nuevo espacio denominado Wombo Combo, dedicado a los amantes de los videojuegos, anime y cosplay, articulando tecnología y cultura pop. En un recinto aparte, a pocos metros del pabellón principal, de nuevo hay atracciones para todas las edades, con una ambientación especial que incluye de elementos alusivos a videojuegos famosos, máquinas para jugar hasta tiendas con accesorios o peluches Pokemon. Este año, por cierto, contó con su propio torneo de League of Legends. A continuación las imágenes:


Siendo casi las 10 de la noche, a pocos minutos del cierre, nos retiramos de la feria con una buena panzada de dulces. Hoy es el antepenúltimo día de esta vigésimo quinta edición, que tendrá su clausura dos días después, el domingo 19 de junio.

A 31 años de la primera edición, es de esperar que en 2018 se repita este evento de magnitud y haga felices a miles de niños, padres y viejos entre alguna de sus tantas atracciones.


Bonus: Qué hay para hacer en Pelotas

Quiero ahora contarles algunos datos sobre este lugar, que como decía, suele quedar al costado de la ruta hacia las playas catarinenses.

Geográficamente resulta curiosa la localización de la ciudad pues tiene ribera sobre dos cuerpos de agua: el Canal San Gonzalo y la Lagoa dos Patos. El primero seguramente le suene a algún uruguayo, ya de por allí desagua la Laguna Merín (compartida con Brasil), en su camino hacia el Océano Atlántico. Este canal viene a parar a la Lagoa dos Patos, la mayor laguna de Sudamérica, sobre la que existe una playa y es punto natural de paseo de los pelotenses, la mayoría de ellos reacios a bañarse allí por la contaminación del lugar.

El símbolo por excelencia de Pelotas, o Satolep (/satolépi/, como la llaman con cariño los locales), es el Mercado Público, aquel que veíamos replicado en vidrio en la Fenadoce, con la ventaja de que este nos ofrece una mini feria de dulces durante todo el año. Las dulcerías tradicionales se encuentran desperdigadas por el centro de la ciudad, por lo que es una buena idea salir de compras y al final parar y darse un gusto con uno de los bocados típicos.

Mercado Público de Pelotas
La ciudad, como mencionaba, aloja la Universidad Federal de Pelotas, por lo que por sus calles transitan cada día jóvenes provenientes de todo el país: los propios pelotenses y de São Paulo son los grupos más numerosos. Y lo seguirán siendo siempre y cuando esta universidad pública no acabe cerrando sus puertas por la grave crisis financiera, en parte reflejo de la situación que se vive en el país en los últimos cinco años.

En verano, el lugar predilecto para descansar queda, al igual que sus vecinos de Río Grande, en Praia do Cassino, un balneario a 50 km que tiene la playa más larga del mundo (que de hecho, llega al límite con Uruguay en el arroyo Chuy), que además resalta por ser directamente accesible con vehículos ya que la arena es sólida (excepto cuando sube la marea), por lo que es común ver en verano hileras kilométricas de autos y camionetas a apenas 3 o 4 metros de donde llega la marea. Eso sí, entre tanta comodidad, la playa resulta extremadamente monótona, por lo puede el lugar preferido o el bodrio de muchos.

La Praça Coronel Pedro Osório, la principal de la ciudad, tiene desde hace unos meses una estatua de João Simões Lopes Neto, uno de los autores de Rio Grande do Sul más famosos, y que hace furor entre los turistas.
Fachada del Teatro Sete de Abril, el teatro más antiguo que aún está en funcionamiento de todo Brasil: abrió el 2 de diciembre de 1834.
Praia do Cassino
A la ciudad es fácil llegar a través de la línea internacional de ómnibus Montevideo - Porto Alegre, y el servicio lo ofrecen la compañía uruguaya EGA y la brasileña TTL, ambas partiendo entre las 8 y 9 de la noche y llegando a la capital del dulce alredeor de las 5-7 de la mañana.

Y si se va en auto, tal como sentenciaba en los primeros renglones de esta entrada, la pasada es inevitable si se va a Porto Alegre (vía BR 116), tanto si se ingresó a Brasil por los pasos en Chuí o por Jaguarão (rutas 8-18 y IB-9, desde Montevideo). De hecho, donde ambos caminos confluyen es a las afueras de la ciudad.

Espero les haya gustado la entrada, la última de una serie sobre Brasil que se originó luego de mi viaje de febrero, y que en parte motivó el nacimiento de este blog. Prometo hablar de otros lugares y temas en el futuro. Hay temas para rato.

Respecto a mis amigos y conocidos pelotenses, espero se hayan visto homenajeados en este artículo, y espero recibir sus impresiones. Gracias por su hospitalidad y su amistad.
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Las apreciaciones históricas en esta entrada fueron verificadas en el material impreso de la feria y en la Web oficial de la FENADOCE.

Todas las imágenes que aquí aparecen pertenecen al autor. ¡Click para ampliar!

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